Por: Cinthya Dioses Fotos: Jesús Castro
Más que desarrollar proyectos inmobiliarios, Ricardo Marrou Quispe, gerente general del Grupo Taurus, ha apostado por una forma ordenada de hacer empresa y por entender los cambios en el mercado de las segundas viviendas.
A través del proyecto Santorini, busca responder a una demanda cada vez más diversa. En un mercado donde muchas propuestas son similares, Ricardo Marrou ha tomado otro camino: desarrollar proyectos bien organizados empresarialmente, pero pensados para cada cliente en específico. En esta entrevista, nos comparte una idea que ha ido construyendo con cada proyecto: no se trata solo de construir casas, sino de crear espacios que respondan a las necesidades de quienes las habitan.
¿Qué representa el proyecto Santorini dentro de la evolución del grupo?
Cada proyecto que hemos desarrollado ha sido mejor que el anterior, así que podría decir que Santorini es el mejor proyecto que hemos hecho hasta ahora. Ha significado consolidar nuestra marca y tener una mayor presencia en el mercado.
«Queremos que cada casa se adapte a la forma de vida de quien la habita»
¿Qué decisiones han sido importantes para ordenar el crecimiento de Taurus?
El concepto de grupo responde a que tenemos varias empresas. Contamos con una inmobiliaria, que es la que se dirige al cliente final y se encarga del proyecto, y esta contrata a la constructora. Son unidades empresariales distintas, lo que nos permite mantener orden en la contabilidad, los flujos y los contratos, y asegurar que cada parte funcione de manera adecuada.
¿Qué busca hoy una familia cuando decide tener una segunda vivienda?
Básicamente, busca mejorar su calidad de vida. Tener un lugar al que pueda ir el fin de semana, salir del estrés de la ciudad y estar en la playa con las comodidades de una casa. Esto incluye también cosas sencillas, como que un niño pueda aprender a montar bicicleta, que la familia tenga un espacio seguro y tranquilo para estar junta y que todos puedan desconectarse un poco de la rutina.
¿Por qué eligieron Asia y específicamente la zona de Sarapampa?
Sarapampa ofrece algo que otras playas no tienen: amplitud y menor presencia urbana. No es una playa completamente virgen, pero sí un espacio donde no existía desarrollo urbano previo. Esto permite desarrollar el proyecto desde cero, con mayor control sobre su planificación. Además, hemos implementado una planta de tratamiento de aguas residuales para cuidar la zona y mantener la calidad del entorno.
¿Qué diferencia a Santorini de otros proyectos de la zona?
La personalización de las viviendas. No vendemos una casa rígida o estándar, sino un bien futuro que se adapta a cada cliente. Después de adquirirlo, el comprador tiene reuniones con el arquitecto para definir cómo quiere su casa, tanto en la distribución de los ambientes como en la estética. Ofrecemos distintas opciones de pisos, enchapes y paletas de colores. Hay personas que prefieren algo más rústico y otras que buscan un estilo más moderno. También pueden definir aspectos de la vivienda de acuerdo con sus necesidades. La idea es que la casa se adapte a quien la va a habitar.
¿Qué tipo de compradores están llegando actualmente al proyecto?
Tenemos un público variado. Principalmente familias que buscan mejorar su calidad de vida y tener un espacio para compartir. También hay personas mayores que compran pensando en reunir a sus hijos y nietos. Además, hay parejas jóvenes o sin hijos que optan por departamentos más accesibles, pero con acceso a las áreas comunes y la playa.
¿Cuál es el siguiente paso para el proyecto Santorini?
Estamos finalizando la primera etapa del proyecto. El próximo año iniciaremos la segunda etapa y, probablemente, en dos años la tercera. Las etapas corresponden principalmente a las viviendas, porque buscamos desarrollar las áreas comunes lo más pronto posible. Nuestro objetivo es consolidar el proyecto y, en el mediano plazo, conformar la junta de propietarios para que los mismos residentes puedan encargarse de la administración del condominio. Estimamos que esa consolidación se produzca en un plazo de dos a tres años.

